| LUTO - Signo exterior de pena y duelo en ropas, adornos y otros objetos, por la muerte de una persona

El luto es una forma de expresar ,exteriorizar la pena por la perdida de un ser querido.

El negro es el color mas representativo en los lutos occidentales.Los hombres visten trajes y corbatas oscuros, mientras las mujeres trajes largos y oscuros.

En algunos paises se exterioriza el dolor con un brazalete negro.

Durante el tiempo que dura el luto (esto depende de constumbres y religiones) no se acuden a actos publicós y se muestran poco en publico.

En algún tiempo el receptor de television era tapado con un trapo como signo de dolor.

Todo esto ha ido cambiando.
 
El duelo de los adultos

1. Embotamiento: Al principio la mayoría de las personas se siente aturdida, en un estado de conmoción tal que puede incluso a llevarle a poner en duda esa triste realidad y a insistir en que se trata de un error. Es como si estuvieran protegidas por una especie de insensibilidad.
Tensión, temor y estallidos de enojo pueden ser también bastante comunes.

2. Añoranza vigilante, búsqueda de la figura perdida, ansiedad y cólera: Al cabo de unas horas, o quizás, de unos pocos días, empieza a percibirse la realidad de la perdida lo que conduce a la añoranza, la aflicción aguda y el llanto.
En este estadio las personas están tensas, inquieras, extremadamente agitadas y alerta, insomnes y con pensamientos obsesivos sobre el difunto. Buscan a la persona perdida visitan lugares donde estuvo, se guardan objetos personales que le pertenecían, visitan su tumba, gritan su nombre. A veces tienen la sensación de su presencia, sueñan que esta vivo, o llegan a recurrir al espiritismo. En ocasiones oscilan en la ambivalencia de atesorar recuerdos o de librarse de ellos.
Otra característica de esta etapa es la cólera generalizada o dirigida contra aquellos a quienes se considera responsable de la muerte (los médicos, el propio fallecido por no cuidarse, las enfermeras, etc.) o contra si mismo, auto culpabilizándose (“Si no hubiera hecho esto o aquello, ahora estaría vivo, si no me hubiera portado mal con el…). También puede ser motivo de enojo, que el superviviente piense que el difunto no fue previsor respecto la bienestar económico de la familia. La ira es un esfuerzo inútil por restablecer el vínculo que se ha roto. Mientras la rabia persiste, la perdida n se acepta como permanente y se conserva la esperanza. No debe alarmarnos, siempre que no persista más allá de las primeras semanas.
Puede manifestarse hostilidad, incluso contra aquellos que intentan proporcionar consuelo, porque alientan a la aceptación de la pérdida, en lugar de ayudar a la reunión que es lo que se anhela. EL tipo de apoyo que más se agradece y que resulta mas eficaz es saber escuchar lo que el superviviente tiene necesidad de decir sobre sus sentimientos y sobre su vida pasada.
La forma en la que una persona responde a la condolencias da pistas sobre lo saludable del duelo: agradecerlas constituye uno de los signos mas seguros de que el duelo se esta elaborando de forma satisfactoria. Por el contrario, la prohibición de referirse a la pérdida constituye un mal pronóstico.
Los rituales pueden ser muchas veces de gran ayuda, ya que la soledad de la crisis y el intenso conflicto afectivo, requieren de una estructura de apoyo.

3. Desorganización, desesperanza, depresión: Resulta inevitable en algunos momentos, pensar que todo se ha perdido, y caer en consecuencias en la depresión y la apatía, en un estado desorganizado de dolor, en la que la gente se siente derrotada y con ansias de evadirse. Los ataques de cólera y aflicción aguda se hacen ya menos frecuentes.

4. Reorganización: El primer paso supone aceptar emocional e intelectualmente, de una forma gradual, que la perdida es permanente, encontrándole de nuevo sentido al mundo y a l propia vida, llegando a sentir mas placer que dolor cuando se recuerda a la persona muerta.
Una parte muy importante de la tarea es reorganizar la propia identidad, como ser independiente de la persona fallecida: ya no es un marido, son un viudo, ya no es un hijo, sino un huérfano, hay que dejar unos roles y empezar a desempeñar otros nuevos, se cambia de estatus a veces y deben adquirirse nuevas habilidades. Existe una perdida doble de roles, los del difunto y los que el superviviente ejercía respecto a el.
Si el que ha muerto es el padre o la madre, para el hijo adulto el suceso representa un empujón evolutivo hacia el siguiente estadio de madurez, ya que desde ahora debe asumirse el peso de la responsabilidad que corresponde a la generación más vieja de la familia. Cuando el que muere es ya el segundo progenitor, además del duelo especifico por el, se experimenta también la aflicción por dejar de tener padres.
Comparando las respuestas de los adultos ante la muerte del cónyuge, de un hijo y de un padre, son muertes de mayor impacto de la del hijo y la del cónyuge, porque la de los padres, la mayoría de la veces ha sido anticipada por el sujeto como algo que cabía esperar, y porque es un tipo de muerte que exige muchos menos reajustes cotidianos.
Sin una reorganización las personas afligidas siguen deprimidas y esperan continuamente nuevas perdidas. Un grupo de discusión, o un grupo de autoayuda puede ser a veces de gran eficacia, para conseguir una adaptación completa, tanto a nivel emocional, como de roles, como social, etc.

Profesora María Josefa Lafuente
 
El duelo de los niños

Para que un niño pueda tener un duelo sano, será necesario, que se cumplan las siguientes condiciones:

- Que haya mantenido una relación bastante segura y afectuosa con sus padres antes de sufrir perdida. Si la interacción padre-hijo ha sido negativa lo más probable es que de ella deriven dificultades para afrontar la pérdida, que requieran de un atención más especial.
- Que se lo dé pronto una información precisa sobre lo ocurrido. A veces, no es necesario ni siquiera esperar a que se muera alguien, para enseñarle cosas al niño sobre la muerte.
- Que se le permita hacer preguntas y le sean contestadas verazmente.
- Que se le deje bien claro que aunque alguien haya muerto, los demás no corremos el riesgo de morir sin mas.
- Que se le permita participar en la aflicción de la familia, y si es suficientemente mayor y lo desea, en las ceremonias funeral es que a través del mismo puede confirmar que la muerte ha ocurrido, observar que otras personas comparten su aflicción y sentir el apoyo que le ofrecen.
- Que cuenten con la presencia consoladora del progenitor sobreviviente, si quien ha fallecido es uno de sus padres. De no ser así, que pueda contar con el apoyo de algún sustituto de confianza.

Los síntomas más comunes del duelo infantil son conducta regresiva superdependiente, miedos, ansiedad de separación, trastornos del sueño, problemas de disciplina, impaciencia y desasosiego, dificultades de aprendizaje, trastornos de la alimentación, enuresis, conducta agresiva, conducta inhibida, aislamiento social, ( Elizur y Kaffman, 1983), tristeza, depresión, fantasías de muerte, quejas somáticas, sentimientos de culpabilidad, de desamparo y de rechazo somáticas, sentimiento de culpabilidad, de desamparo y de rechazo, rabietas y explosiones emocionales ( Davies, 1987; Greemberg, 1975; McCown, 1988; Roberts, 1981; Viperman y rager, 1980; wolfelt, 1983). Cuantos más pequeños son, más probables es que muestren síntomas conductuales.

Profesora María Josefa Lafuente
 
Ayuda a las personas en duelo

Cook y Oltjenbruns (1989) aconsejan:
1. Darles permiso para afligirse: informarles de que es normal y saludable, y animarles a expresar su aflicción.
Por el contrario no es adecuado pedirles que “pongan al mal tiempo buena cara”, o que miren el lado bueno de las cosas, porque las persona en duele se sentirá incomprendida por su perdida y dolor emocional.
2. Ayudarles a aceptar la pérdida: hablar sobre el difunto y sobre su muerte.
3. Escuchar al afligido: dejar que nos cuenten su historia común con el difunto, detalles de su muerte, anécdotas de su vida, sentimientos relacionados con es ser querido.
4. Compartir información sobre el proceso de aflicción: hacerles conocer cuales son las reacciones habituales en estos casos, para que comprendan que no es anormal lo que experimentan. Pero indicarles, al aflicción de cada persona es única y que no existen normas correctas o incorrectas de afligirse. Esto evitara sentimientos de culpa, si no se ajustan a lo más normativo.
También conviene informarles sobre el hecho de que la duración del duelo es bastante prolongada y que es normal que no desaparezca al poco tiempo.
Oferta ayuda de forma concreta y practica: no vale decir simplemente “si hay algo que yo pueda hacer…”, debemos concretar más “me quedare unos días contigo”, por ejemplo.
Desde la teoría de sistemas se aconseja además:
Mantener una comunicación abierta dentro del sistema familiar.
Reasignar roles dentro de la familia.
Que cada miembro de la familia ofrezca apoyo emocional a otros miembros.
Que se modifiquen las relaciones con otros sistemas externos.
Que cada miembro de la familia renuncie al apego hacia la persona fallecida.
Debe tenerse en cuenta que todos los miembros de la familia pierden a la misma persona, pero no pierden la misma relación; que la perdida produce un desequilibrio del sistema y que este, en consecuencia debe reorganizarse, lo que exige reajustes de cada uno de sus miembros; que los sistemas familiares cerrados y abiertos reaccionan de modo distinto ante la muerte; que la habilidad de afrontamiento de la familia dependerá de los estresares concurrentes, los apoyos y la percepción familiar del sucesos y, por ultimo, que los resultados de una muerte pueden ser positivos ( mayor unión familiar, crecimiento personal…) o negativo ( desacuerdos, perdidas secundarias…).




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